miércoles, 17 de septiembre de 2008

Roleando 3

... el héroe alzó nuevamente su espada sabiendo que aunque su mano podía alcanzar el pergamino en cualquier instante, le sería imposible huir de allí con él. Se colocó esperando que ambos seres se abalanzaran sobre él en cualquier momento, dispuesto a hacerles todo el daño posible antes de perecer. Pero para su sorpresa ambos se miraron brevemente e inclinaron sus cabezas, a la vez que uno de ellos, el que no había sido herido, le decía:

-Has demostrado ser digno de conseguir el pergamino, tómalo y ve en paz. Tienes nuestra palabra de que no te atacaremos.

Con reticencia cogió el pergamino sin dejar de mirarles, y sin bajar la espada ni darles la espalda se dirigió hacia la puerta, mientras ellos volvían a situarse en sus puestos. Sólo cuando abandonó la sala y las altas puertas se cerraron tras él, respiró aliviado. Recorrió a toda prisa los pasillos, sin prestar atención a los habitantes del templo, y salió de vuelta a la luz del sol.

Abrió el pergamino ansioso por conocer los secretos de los grandes guerreros que su maestro le había dicho que contenía. Pero al ver que estaba vacío, comprendió que su misión no era conseguir el pergamino, sino entrenar para demostrar a los guardianes que era digno de poseerlo. Entendió entonces el motivo de lo que el grifo le había dicho momentos antes, y también fue consciente de que la vez anterior se le había perdonado la vida para que eligiera si regresaba o abandonaba su misión. Maldijo en voz baja a su maestro y se dispuso a regresar al castillo para que le asignaran una nueva empresa.

1 comentario:

A.Salvador dijo...

Y respiró aliviado, eh?